APROXIMACION ESTÉTICA AL TOREO

Tomás Merina Ortega
Historia de las ideas estéticas II. Junio 2011

Resumen: El presente artículo trata de hacer una aproximación analítica al espectáculo de la tauromaquia, objeto de debate actual. Por comparación con otras actividades de riesgo se expresan las diferencias con las mismas y la singularidad de la actividad.

Desde tiempos de la civilización cretense se tiene vestigios de la pasión del hombre por medirse con el toro. Desde mucho antes en las pinturas rupestres, en la prehistoria, los hombres plasmaron la admiración que despertaban los grandes rumiantes.

El toro bravo, el gran herbívoro de la península ibérica es consciente de su fuerza, de su fuerza y sus defensas. En su aprendizaje va adquiriendo la seguridad en su poderío. Vive en la libertad de la dehesa y paulatinamente va creciendo y midiéndose con otros animales. Su defensa, ante situaciones amenazantes, es su bravura, el ataque frontal con sus afilados cuernos por delante y empujado por sus poderosas patas. Otros herbívoros, el gamo por ejemplo, aún estando dotados de cornamenta, tienen en su código genético grabado la huida como método defensivo.

Las costumbres de jugar midiendo la fuerza del animal, de demostrar que el entendimiento del comportamiento del toro y la inteligencia del hombre pueden hacer domeñar y “hacer lo que no quiere hacer la bestia”, ha tenido mucho predicamento en el mundo mediterráneo. En la península ibérica de forma más acusada y en particular desde mediados del siglo XVIII con unos criterios bastante inalterables.

En principio todo arte requiere una habilidad en la elaboración de acciones, pero el conocimiento de la técnica concreta no es suficiente, se precisa un talento creativo aplicado a su entorno o técnica aprendida o desarrollada a partir de habilidades innatas.

El toreo como arte (más tarde comentaremos el que no lo es) requiere en principio de tres cosas: valor, técnica y talento creativo o arte.

El valor es la primera condición y la que diferencia el toreo de casi todas las modalidades artísticas. El valor además no debe de ser temerario sino controlado, administrado, utilizado a favor de la técnica; el valor como temeridad es solo valor en si, en el toreo el valor es un objetivo parcial para otro objetivo final. El valor como fin suele terminar en tragedia.

Además del valor hace falta una técnica. Así ocurre con muchas manifestaciones deportivas, donde el valor es un ingrediente indispensable y si éste no se ve acompañado de una técnica específica no alcanza características dignas de elogio y admiración por los ciudadanos, es el caso del motociclismo, alpinismo, ala delta, etc. en estos deportes llamados “de riesgo” se da por descontado que habrá accidentes y algunos fatales. Forma parte del tipo de deporte y de la pulsión que es innata en el hombre de contraponer su instinto de conservación con la pulsión oscura del instinto de suicidio; es la técnica lo que atempera ese enfrentamiento y lo hace éticamente asumible.

La plasticidad del toreo, los movimientos acompasados de todo el cuerpo y de las franelas de los engaños, utilizados como armas defensivas, se asemejan a pases de baile que se combinan cada vez con cadencia diferente, guardando una geometría determinada y la mayor lentitud posible. En cada caso la cadencia, el orden de la partitura es diferente, nunca puede haber dos espectáculos idénticos. El valor y la técnica juntos no generan arte, los funambulitas son capaces de atravesar sobre un cable la distancia entre dos edificios a muchos metros del suelo, con una técnica preciosista y un valor indudable; pero no estaremos en presencia de una manifestación artística.

El simple dominador de una técnica (en cualquiera de las artes) no traspasa la línea que lleva al olimpo, queda en la manualidad. Desgraciado caso de muchos de los espectáculos de corridas de toros que se dan. Pero cuando la técnica viene ejecutada, con la dosificación necesaria de valor, se le añade el talento creativo, se sugiere en el observador una sensación o experiencia catártica emocional que le deja una impronta indeleble con la sensación de haber compartido con los intervinientes en el ruedo y en los tendidos, unos momentos únicos e irrepetibles.

En el mundo taurino, en las corridas de toros en particular, se da necesidad de coincidencia en el tiempo de las formas adecuadas de movimientos, de liturgias establecidas, con el “kairos”, el momento oportuno en el que se hagan, el momento mejor (como dirían Hesiodo ó Teognis). Cada detalle en la lidia del toro debe corresponder y adecuarse al tema, a los distintos elementos, a la totalidad. Es la representación teatral de los seres humanos en relación al comportamiento animal, que sólo se verá ante estos elementos una sola vez. No cabe representación más efímera. Es la unión de la belleza universal, de la symmetria y la belleza individual de la conveniencia.

El arte del toreo (siempre referido a las corridas de toros) es un arte canónico, que se realiza en directo y en vivo de forma irrepetible y por tanto única. Donde además participa un protagonista no humano al que hay que dominar y que únicamente se prestará a la colaboración cuando su instinto intuye que ha sido dominado por la inteligencia del otro protagonista: el matador.

La dificultad de percibir y comprender el toreo como arte es extraordinariamente grande, toda vez que la mayoría de las ocasiones en que los espectadores son convocados, no se produce el evento artístico, el momento de unidad de criterio entre miles de personas para apreciar un instante en el que las “musas” han estado presentes.

El arte del toreo no admite tasación ni transacción económica, es un arte que se guarda en la memoria para recreo del que lo percibe.

El fin último de las corridas de toros es la satisfacción de una necesidad especifica del hombre que es la necesidad de armonía, deproporción, de perfección, de belleza, al tiempo que es un espectáculo donde se intenta obtener una especia de “doma estética” por una sola vez de un animal salvaje al que no se da premio material por ello, sino la simple satisfacción de la lucha con otro ser que intenta dominarle en sus embestidas.

El torero no puede adquirir ninguna ventaja nueva sobre el animal, lo que legitima su existencia es que las armas que utiliza son las mismas que hace más de 250 años. La espada debe ser del mismo material, tener las mismas medidas, idéntica forma, etcétera. Cuando Manolete empezó a usar el estoque simulado (de madera) durante la faena de muleta, para cambiarlo posteriormente en el momento de entrar a matar, fue muy criticado y el diestro precisó justificarse tras un certificado medico que lo recomendaba. Hay aficionados que ven con desagrado que los diestros utilicen protectores en la mano, para poder empujar con mas fuerza la espada. Lo que legitima es el mantenimiento de los medios con los que el torero se enfrenta al toreo, en la soledad del ruedo sin ninguna presencia de ayudantes.

 

BIBLIOGRAFIA

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Cossío, José María Hrdos. Los toros. Madrid 1995
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López del Ramo, Joaquín. Por las rutas del toro. Madrid 1991 Montes, Francisco (Paquiro). Tauromaquia completa. Madrid 1994 Moral, José Antonio del. Cómo ver una corrida de toros. Madrid 2004

Palabras clave: Toros, tauromaquia, valor, estética toreo.

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